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Psicoterapeutas y pacientes comparten el mismo mundo desconocido que crea el COVID-19

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AGENCIAS.- Los psicoterapeutas parecen más conscientes que nunca de que a raíz de la pandemia del COVID-19 deberán trabajar con pacientes con preguntas cuyas respuestas no las tiene nadie, obviamente tampoco ellos, un mundo desconocido como el suyo propio.

La psicóloga clínica y psicoterapeuta alemana de origen ecuatoriano Verónica Rodríguez Almeida lo admite: «¿Qué escucharemos? Escucharemos dolores, pérdidas, ansiedades, duelos y sobre todo preguntas que no podremos contestar, a las que todavía no hay respuestas. Traumas, nuevos y revividos, soledades y tristezas grandes y profundas».

«Y este escuchar será más difícil ya que nosotros mismos también estamos envueltos en esta crisis, también estamos viviendo miedos e inseguridades, pérdidas. Este mundo desordenado, también es el nuestro», sintetiza en un artículo publicado este martes en la revista de la Klinische Psychologin und Psychotherapeutin de la ciudad alemana de Heidelberg donde ejerce.

Artículo de Rodríguez Almeida en la revista de la Klinische Psychologin und Psychotherapeutin de Heidelberg,

En este texto de la publicación de la Klinische Psychologin und Psychotherapeutin de Heidelberg, ciudad ubicada en la ribera del río Neckar, en el suroeste de Alemania, conocida por la prestigiosa Universidad de Heidelberg, fundada en el siglo XIV, la profesional sostiene que tendrán frente a ellos «sujetos ya no tan sujetos, rotos».

Son personas que viven «en un mundo que también para nosotros es desconocido», lo que dificultará su deber de «tratar de sujetar, reconstruir, contener».

En su texto revela que esta actualidad le recuerda su tesis universitaria, en la que abordó el delirio paranoico «como intento de estabilización en una estructura psíquica que (muchas veces) por algún evento fuera de lo común, desbordante, se ha desarmado, se ha roto o se muestra en su falta».

El delirio sería en estos casos, entonces, «algo así como pegamento, uno no ideal, que intenta reparar esta estructura rota, pero que al hacerlo repite, duele», señala.

Ahora, añade la terapeuta, es todo el mundo el que vive «un evento desconocido, nuevo, ominoso. Muchas estructuras se están rompiendo, muchas cosas que estaban “dadas por sentadas”, o sea que eran seguras, de repente no están, no existen más, son inseguras o desconocidas. Muchas estructuras psíquicas se debilitan, se lastiman, se rompen…»

Y presenta relatos de tres pacientes que ya lo evidencian:

Ojalá mañana todavía podamos hablar…

“Yo ya no creo que haya vida fuera del hospital. Mi esposo y mis hijos ya están muertos. El coronavirus no existe, todo es un invento de personas que quieren quitarnos los departamentos. Aquí me hacen cosas raras, soy como un conejillo de indias y tengo miedo de morir. Voy a llamar a la policía. Ya no siento mis piernas ni mis brazos; creo que tengo coronavirus que es una enfermedad para la que no hay cura. Ojalá mañana todavía podamos hablar, si sobrevivo…»

La psicóloga clínica y psicoterapeuta evalúa que en este caso, el de Heike, «ya no existen puntos, comas, sentido, límites. El mundo se volvió peligroso, la estructura que le sostenía se rompió. Ahora, en su lugar está el delirio que, a pesar de ser tan terrible, es menos peligroso que la realidad, le pertenece».

Guardar dos metros de distancia…

“No puedo dormir, tengo ataques de pánico todas las noches”. Cuando está en casa, encerrada, Lucía siente que su corazón se detiene varias veces al día, se desespera, no puede respirar. Cuando está afuera, siente que hay demasiada gente y que ésta está demasiado cerca, a pesar de que en realidad tienen que guardar dos metros de distancia entre ellos; también ahí sufre ataques de pánico. La situación es demasiado paradójica para su psique.

Al mundo lo maneja el miedo, se ha vuelto desconocido y es muy peligroso, todos lo saben, lo viven, lo reproducen.

Sentía un poco de hambre, eso también ya se fue, desapareció…

Max ya no sale de su cama, perdió su trabajo, está solo. Al principio se enteraba de lo que sucedía y sentía un poco de hambre; eso también ya se fue, desapareció, así como su capacidad de sentir. No tiene fuerza, está vacío. El mundo ya no tiene ni hace sentido.

El egoísmo contemporáneo ha perdido fuerzas

Pero la solidaridad, esa ha crecido. La gente piensa en los otros, el egoísmo contemporáneo ha perdido sus fuerzas. Ahora nos damos cuenta de que tenemos familia, amigos, vecinos, los otros “aparecieron” y con ellos nuestra empatía, que será la base de nuestro trabajo en la reconstrucción del mundo.

Rodríguez Almeida vislumbra: «Tenemos mucho que re-construir. Uno de los aspectos a re-construir es la estabilidad psíquica, nosotros psicólogos/as y psicoterapeutas tenemos mucho trabajo, el precio psíquico que muchas personas, familias, naciones están pagando en esta crisis es tan alto como las muertes por el COVID-19, las pérdidas económicas y etcéteras. Tenemos que estar listos a escuchar muchos intentos dolorosos de combatir una realidad más dolorosa todavía».

Los números dominicanos

El Ministerio de Salud Pública y el Sistema Nacional de Salud, en conjunto con la Sociedad Dominicana de Psiquiatría y el Colegio Dominicano de Psicología, atendieron 3,910 casos de ayuda psicológicas o psiquiátrica desde 25 de marzo hasta el 21 de abril.

De ese total, alrededor de un tercio (1,224) fueron requeridas por personal de salud por cuadros de ansiedad, trastorno del sueño y depresión relacionados a la situación que atraviesa el país por el coronavirus.

Expertos mexicanos

La pandemia del COVID-19 provocará aumento de consultas de enfermedades relacionadas con la mente en los países de América Latina, dijeron varios expertos consuñtados por la delegación de la Agencia Efe en México.

Según esos especialistas, al menos 7 de cada 10 consultas clínicas en los sistemas de salud de la región podrían generarse a problemas psicosomáticos, situación que puede agravarse durante una pandemia como la del coronavirus.

«El confinamiento puede llevar a que las personas no atiendan su salud mental», dijo Raymundo Calderón, director de Psicología de la Universidad del Valle de México (UVM).

El especialista, estimó que el 70% de las consultas que se atienden en los sistemas públicos de salud tiene correlación con problemas de la mente.

En tanto, la directora de la Escuela de Ciencias de la Salud de la UVM Querétaro, Nayelly Arias, indicó que en muchos casos y de no ser tratados adecuadamente, los problemas de salud mental pueden derivar en un suicidio.

«Es imprescindible enfocarnos en cuidar nuestra salud mental, así como cuidamos la salud física», manifestó Arias.

Mientras que la coordinadora de la carrera de Psicología de la UVM Chihuahua, Grissel Cervantes, estimó que en México unos 34 millones de personas viven en condiciones de hacinamiento, un escenario poco propicio para una buena salud en general y en especial la mental

«Más de dos personas viven en un cuarto de menos de 12 metros cuadrados y bajo estas condiciones es probable que se exacerben emociones que contribuyan a que las personas se depriman, se incremente el miedo, la angustia, la preocupación y eso puede llevar a un descontrol emocional», apuntó.

Evitar exceso de información

Los especialista coincidieron en que es posible cuidar la salud mental en tiempos de confinamiento, siempre y cuando se gestione adecuadamente la información y se tenga cuidado en controlar los episodios de ansiedad.

«Debemos gestionar la manera en la que recibimos las noticias, sobre todo si se trata de coronavirus, no estar pendientes todo el tiempo de esa información para lograr que el pensamiento sea adecuado», manifestó Cervantes.

Consideró como básico lograr un control de la higiene mental y para ello dijo que es necesario filtrar información que entra al pensamiento y analizar si la información abona a la realidad o al problema.

Arias explicó que las personas deben recordar que este confinamiento «es una situación excepcional» y se debe manejar como tal ya que «en algún momento va a acabar».

Señaló que, especialmente en los cuidadores de enfermos por COVID-19, se debe buscar un espacio en el que se sientan seguros y tranquilos

«Deben dedicar tiempo a alguna actividad recreativa, al ejercicio, necesitamos poner especial atención a actividades que nos representen satisfacción», aludió.

Del mismo modo, pidió que se evite pensar en el momento en que llegue el fin del confinamiento, pues eso solo genera ansiedad, y lo mejor es desarrollar metas realistas y entender que el distanciamiento es físico y no social.

«No se trata de no relacionarse con nadie, sino de estar en contacto con los que más queremos», afirmó.

Finalmente, Calderón señaló que así como en este momento se está poniendo especial atención en lo que entra a los hogares, también se debe prestar cuidado a lo que las personas dejan entrar en sus pensamientos.

 

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