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Quién es Pablo Hasél, el rapero cuyo encarcelamiento ha desembocado en fuertes protestas en España

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Desde hace una semana, España contempla como se suceden manifestaciones en las calles de sus principales ciudades reclamando la libertad de Pablo Hasél, condenado a nueve meses y un día de prisión por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona por el contenido de 64 tuits y una canción de su autoría.

Las marchas en favor de la libertad de expresión, a las que se han unido otras reivindicaciones, han terminado durante los últimos siete días en disturbios, los más notables en Barcelona, que han dejado imágenes de mobiliario urbano quemado y disturbios con la Policía. Los detenidos se han multiplicado, superando ya la centena, al igual que los heridos, entre los que se encuentran una mujer que ha perdido un ojo por el disparo de un proyectil de foam por parte de los cuerpos policiales.

¿Quién es Pablo Hasél?

En el centro de las protestas está la figura de Pablo Hasél, un hombre de 32 años. Hace una década era tan solo un rapero que irrumpió en la escena ‘underground’ del país, un desconocido cuyo nombre salió por primera vez en los periódicos en 2011, cuando se inició contra él el primer proceso judicial por la letra de sus canciones.

Su nombre es Pau Rivadulla Duró. En el escenario primero adoptó el nombre de Hasél y posteriormente ya sería conocido como Pablo Hasél. Creció en una familia acomodada de la ciudad catalana de Lleida. Su padre ejerció como profesor de matemáticas durante unos años para iniciar después algunas actividades empresariales y llegar a ser entre 2007 y 2010 presidente del club de fútbol Unió Esportiva Lleida.

De pequeño, el rapero frecuentaba el club de Tenis Lleida y estudió en el Claver, un prestigioso centro privado jesuita. Posteriormente, no terminaría el bachillerato para dedicarse, todavía siendo menor de edad, al rap.

Lo cierto es que no se sabe cuál fue la influencia decisiva en su pensamiento político, que tiene bien definido desde muy joven, como se aprecia en sus primeros trabajos como artista. De hecho, hace ya varios años que afirmó que tenía claro que acabaría entrando en prisión, una pena que estaba dispuesto a pagar porque creía que serviría de altavoz para sus ideas.

Se ha definido como autodidacta, comunista y antifascista y en los últimos años ha participado de todo tipo de manifestaciones y protestas. Entre sus partidarios se encuentran personas muy jóvenes, incluso adolescentes.

Manifestación de apoyo a Pablo Hasél, con pancartas que dicen: 'Rapear no es delito'.

Manifestación de apoyo a Pablo Hasél, con pancartas que dicen: ‘Rapear no es delito’.

Antecedentes judiciales

Aunque su ingreso en prisión, el pasado martes, le ha llevado a la primera plana de los periódicos nacionales e internacionales, su primera detención data de hace casi una década.

El 4 de octubre de 2011, cuando solo tenía 23 años, fue arrestado, también como ahora, por el contenido de sus canciones. Las condenas, sin embargo, llegarían años más tarde.

En la actualidad acumula dos condenas firmes por enaltecimiento del terrorismo e injurias y calumnias a la Corona. La primera llegó en 2014, con una sentencia a dos años que fue confirmada por el Tribunal Supremo en 2015 y cuya ejecución fue suspendida en 2019 porque no tenía antecedentes penales.

En 2018 fue condenado de nuevo por los mismos delitos a dos años de cárcel y una multa económica. Hace unos meses el Tribunal Supremo ratificó esta condena pero rebajó la pena a 9 meses y un día de prisión, con tres votos a favor y dos en contra. Ahora las circunstancias han sido diferentes, porque ya sí cuenta con antecedentes penales, por lo que no cabía la suspensión de su entrada en un centro reclusorio.

Además, Hasél se ha enfrentado en otras dos ocasiones con la Justicia, acumulando otras dos sentencia condenatorias, aunque en este caso todavía en fase de recurso. La primera fue en junio de 2020, cuando fue condenado por agredir a un periodista que cubría una protesta en la Universidad de Lleida.

La segunda se conoció el 18 de febrero, tan solo dos días después de entrar en prisión, cuando Barcelona ya había ardido en llamas. La condena en esta ocasión fue por amenazas e intento e agresión contra un testigo en un proceso contra un Guardia Urbano. Sobre este caso, Hasél sostiene que se le ha condenado sin pruebas «en un claro montaje policial por denunciar a un falso testigo».

Antes de todo esto, en 2011, había sido condenado a una pena de multa por desear la muerte al exalcalde de Lleida, Àngel Ros, en una canción, que la jueza consideró que no reunía los requisitos legales para ser considerada un delito de amenazas. Hasél, y el coautor de la pieza, Ciniko, sostuvieron que su canción era una denuncia social en tono satírico.

Críticas al sistema

Pablo Hasél comenzó a hacer rap en 2005, cuando aún era menor de edad. Desde entonces ha distribuido todos sus trabajos de manera gratuita en Internet.

Aunque también ha tocado otras temáticas de ámbito más personal, las que le han hecho famoso han sido las de crítica política, toda una batería contra el sistema político surgido de la transición española tras la muerte del dictador Franco, conocido como régimen del 78, año en que se aprobó la actual Constitución española.

Su caso ha reabierto un debate sobre la libertad de expresión y sus límites en España, que cuenta con una legislación que no es homologable a la de la mayoría de los países de su entorno, con tipos penales muy controvertidos como el enaltecimiento del terrorismo, injurias y calumnias a la Corona u ofensa de los sentimientos religiosos.

Uno de los blancos habituales de sus críticas, que le han valido condenas en los tribunales, ha sido la Monarquía, la familia real española y, en concreto, la figura de Juan Carlos I, ahora rey emérito. En sus letras se refiere a éste como «capo mafioso» o «borracho tirano», entre otros calificativos.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son otro de sus objetivos. Así, tanto en canciones, como en los tuits, que también han sido objeto de condena, acusa reiteradamente a la Policía y otros cuerpos de torturar y matar a manifestantes e inmigrantes y denuncia represión policial.

«Lo que decimos en nuestras canciones molesta al Estado porque denunciamos sus pilares, como puede ser la Monarquía o los cuerpos represivos»

La cuestión más polémica se centra en las frases laudatorias que ha dedicado en ocasiones a miembros de organizaciones terroristas como Terra Lliure, Grapo y ETA, grupos armados que ejercieron la violencia en España, pero que hace años que desaparecieron.

«Lo que decimos en nuestras canciones molesta al Estado porque denunciamos sus pilares, como puede ser la Monarquía o los cuerpos represivos», dijo ya en 2018 en una entrevista con RT para el programa ‘Cartas sobre la Mesa’. «Y nos condenan incluso por contar hechos objetivos que han aparecido en medios nada sospechosos de ser revolucionarios», sostenía Hasél en referencia, por ejemplo, a los escándalos destapados en torno a la figura del rey emérito. «Es decir, que se nos está condenando literalmente por contar hechos objetivos, por contar la realidad», resumía.

El rapero consideraba que hay que ir a la raíz del problema, «un régimen que no rompió con el franquismo», porque «dentro de ese régimen nosotros no tenemos voz, no tenemos voz en los grandes medios, no tenemos voz en el Congreso», afirmaba.

Además, defendía que dentro de esa legalidad proveniente del franquismo no puede haber transformaciones: «Yo creo que hay que acabar con la raíz del problema y que eso solo será posible si nos organizamos y luchamos en las calles, que es donde está nuestro espacio».

Libertad de expresión

Más de 200 artistas, entre los que figuran algunos de fama universal como el cineasta Pedro Almodóvar o el actor Javier Bardem, firmaron un manifiesto a favor de la libertad de expresión y condenando la sentencia que hacía ingresar a Hasél en la cárcel.

De la misma opinión son organizaciones como Amnistía Internacional, que afirma que se trata de una «noticia terrible» para la libertad de expresión en el país.

Hasél, por su parte, actúa como si estuviera tensando una cuerda. Es partidario de la actuación directa y, para ello, nada mejor que dar ejemplo. Critica ácidamente la falta de derechos en el país, sobre todo los que tienen que ver con la libertad de expresión, de manifestación e ideológica. Pocos días antes de que expirara el plazo para entrar en prisión anunció que nunca pediría el indulto: «Porque eso sería arrepentirme», dijo en declaraciones a El Periódico.

«Cuando alguien pone un tuit o hace una canción criticando la Monarquía o criticando la brutalidad policial y tiene la posibilidad de ser reprimido por ello, significa que no hay libertad de expresión»

En la entrevista a RT, insinuaba que España es el país de todo el mundo con más artistas condenados a prisión. Lo cierto es que según la ONG Freemuse, España es el país que más artistas condenó a penas de cárcel en 2019 (14), por encima de Estados como Irán, Turquía o Myanmar. Aunque tras la rebaja de la condena a los 12 miembros de La insurgencia a seis meses de cárcel y la marcha al extranjero de Valtónyc, Hasél es el único que ha llegado a entrar en prisión.

«Cuando alguien pone un tuit o hace una canción criticando la Monarquía o criticando la brutalidad policial y tiene la posibilidad de ser reprimido por ello, significa que no hay libertad de expresión», sostenía el rapero, porque «con el terror a esa represión se coarta la libertad de las personas, por lo tanto no hay libertad de expresión», se reivindicaba.

Así, Hasél recordaba que en otros países «los raperos utilizan el mismo lenguaje o tienen el mismo mensaje y no son encarcelados ni detenidos por ello», como en el caso de Eminem en EE.UU., el rapero más conocido del mundo, «que le desea la muerte al presidente y jamás ha sufrido represión alguna por ello».

Hasél frente a las leyes españolas: desobediencia civil

Hace ya dos años que el rapero afirmó que sabía que acabaría ingresando en prisión. Aún así, Hasél anunció que no ingresaría voluntariamente en la cárcel y tras terminar el plazo se atrincheró en el rectorado de la Universidad de Lleida, donde una cincuentena de Mossos d’Escuadra, la Policía regional catalana, tuvo que ingresar para detenerle tras apartar a las decenas de personas que se habían congregado en torno suyo para defenderle.

La noche anterior a su arresto, tuiteó que entraría en prisión «con la cabeza en alto»: «No podemos permitir que dicten lo que podemos decir, lo que podemos sentir o lo que podemos hacer», añadió.

El rapero eligió no autoexiliarse, como hizo Valtónyc, otro cantante español condenado a tres años y medio de cárcel por las letras de sus canciones que decidió instalarse en Bélgica para huir de la Justicia española antes de que se ejecutase la sentencia.

«Si el Estado español me quiere encarcelar por hacer canciones se estará quitando una vez más esa careta de Estado democrático»

«He decidido quedarme aquí porque creo que desde aquí puedo ser más útil, y que si el Estado español me quiere encarcelar por hacer canciones se estará quitando una vez más esa careta de Estado democrático y eso hará que muchas personas tomen conciencia, que es lo que yo busco», decía ya en 2018.

La postura de Hasél recuerda más a la desobediencia civil, que en España tuvo su mayor ejemplo en los años ochenta y noventa en el movimiento de los insumisos al servicio militar, que llevó a cientos de ellos a la cárcel. Así, su actitud es consciente y pública, manteniendo su talante de protesta por medio de la reiteración de actos que, opina, serán censurados injustamente y dispuesto a acarrear con las consecuencias.

De esta manera, sus acciones, en este caso la difusión de sus canciones y tuits, no buscan ocultarse, sino salir a la luz de la opinión pública y política, como medio de abrir el debate, ganar adeptos a su causa y cambiar una legislación que considera injusta.

Hasél sostiene que ahora los artistas están sufriendo una especial represión porque han surgido en un contexto de una crisis de régimen profunda, en la que «cada vez hay más personas descontentas con este Estado». Opina que en este contexto son «más peligrosos para el Estado», por lo que se produce una «especial inquina» contra ellos. «Están nerviosos, de ahí la ley mordaza y otras leyes represivas, quieren frenar la protesta, se están blindando para lo que viene», considera el artista en referencia al motivo por el que aumenta la represión.

¿Quiénes le respaldan?

El debate abierto por la condena de Pablo Hasél se está traduciendo en cierto consenso de que la legislación que limita la libertad de expresión necesita reformas. Una gran parte de la ciudadanía en el país apoya esta tesis y considera injusto el encarcelamiento del artista, como se ha demostrado con la multitud de mensajes públicos de apoyo y con la masiva asistencia a muchas de las concentraciones convocadas tras el ingreso en prisión del rapero.

Además, tras las protestas que desde su detención se han extendido por todo el país, aunque de un modo más masivo y contundente en Cataluña y, sobre todo, en Barcelona, se encuentra una amalgama de colectivos que, en ocasiones no tienen mucho en común, pero que coinciden en su defensa de la libertad de expresión y en su rechazo al régimen del 78, nacido de la transición a la democracia tras la muerte del dictador Francisco Franco.

Sin embargo, quienes han llamado más la atención de los medios son pequeños grupos que han estado detrás de algunos de los disturbios producidos al final de las manifestaciones pacíficas.

Entre ellos se encuentra La partida final, un grupo online que ha tomado el relevo a Tsunami Democràtic y que es uno de los organizadores de las protestas en las calles de Barcelona. A través de su canal de Telegram da consignas a sus seguidores sobre las rutas a tomar, la posición de la Policía o cuando y dónde sería conveniente levantar una barricada para cortar el paso a los efectivos de los cuerpos policiales. Se definen como independentistas, republicanos y tachan al Estado español de estado fascista y policial. Defienden a Pablo Hásel por entender que se trata de un nuevo ataque a la libertad de expresión y a la disidencia política.

Aunque son partidarios de una ‘resistencia activa’ frente a las fuerzas policiales’, también son muy críticos con aquellos manifestantes que realizan saqueos, queman mobiliario urbano sin necesidad o provocan molestias a los vecinos.

También los CDR (Comités de Defensa de la República) están detrás de los llamamientos de estas jornadas a la manifestación y la protesta. Esta organización nació al calor del referéndum de autodeterminación ilegal celebrado en octubre de 2017 y su objetivo en la consecución de la República catalana.

Otros grupúsculos más pequeños son El Barri Resisteix, Escac i Mat Girona, Eixample Resisteix, la Asociación Vía Independencia o Alerta Solidaria. La mayoría se encuentran vinculados con la izquierda antifascista y el movimiento independentista catalán y secundan las convocatorias de protestas que tienen a Hasél como punto de unión.

Otros sectores más amplios de la población, aunque no han participado en las protestas convocadas, sí abogan por un cambio legislativo y por el indulto al rapero. Ese es el caso de Unidas Podemos, fuerza que integra el Gobierno de España junto al Partido Socialista, que ya ha tramitado tanto un proyecto de ley para derogar los tipos delictivos que más limitan la libertad de expresión, como el indulto para Pablo Hasél, ambos por la vía de urgencia.

Nuria López/ RT Actualidad

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